Y es que hay días que no queda otra…
Durante toda la mañana estas esperando que amaine de llover, dices: “con que pare justo un rato antes de que yo salga…”, pero Zeus, no nos da tregua y a la hora de salir sigue diluviando, todas las veces que se miró por la venta hacia el cielo, las veces que se refrescó la página de meteorología, no han servido de nada y la única opción para no dar el día por perdido deportivamente hablando es montarte en tu rodillo.
Y mirar desde tu venta como el frio, la lluvia y el viento te han obligado a volver ser “amigo” del para mi, desesperante, rodillo.


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